miércoles, 31 de marzo de 2010

Maestra del disfraz

Tengo esa sobredosis de antipatía con todo el mundo, que no consigo quitármela. Y sería fácil disfrazarme de una sonrisa y charlar con alguien, pero no me apetece ni con ellos/as, ni contigo.
Pasear sola por la ciudad me parece divertido cuando sólo espero que alguien se siente a mi lado y con sólo mirarme a los ojos sepa que estoy triste.

Pero no lo ven, nadie lo ve.

viernes, 26 de marzo de 2010

La simpatía no es una virtud

Debe de ser que a día de hoy los saludos se cobran, porque no consigo entender muy bien como a tanta gente le cuesta decir un triste 'hola' por la calle.

miércoles, 24 de marzo de 2010

BCN.

Hoy es uno de esos días en los que me gustaría coger el coche y conducir durante horas mientras suena toda la discografía de Marea.
Y sin saber muy bien cómo, llegar allí, y perderme. Sí, perderme...


martes, 23 de marzo de 2010

Y ahora qué

No dijo ni que si ni que no. Ni tan siquiera dijo adiós. Más bien se limitó a decir un 'ya nos veremos' que casi muerde más el corazón que un 'sal de mi vida'.
Y dándole la espalda, desapareció. Él se fue y ella se quedó, con la manía de latidos rápidos e incoherentes cada vez que sonaba el móvil y con la sensación de ahogo cada vez que al girar una esquina alguien le parecía él o su coche. Eso le dejó; un montón de mierda que organizar, separar y ordenar, como aquel que tiene todos sus cd's ordenados por años de fecha, colores o alfabéticamente. En eso basaba su tiempo, en ordenar toda la mierda sentimental que había dejado tras su paso, mentiendo en cajas conversaciones y palabrería barata, en bolsas de plástico de Mercadona miradas y sonrisas a la par que enfados y todas sus idas y venidas, que fueron muchas. En el cesto de la ropa sucia metió caricias, besos y su olor; el mismo del que le encantaba impregnarse y del que terminó siendo dependiente. Por la ventana tiró sus llamadas, sus mensajes, sus 'preciosa' y sus 'nena'. También cogió el rencor que le guardaba y se desprendió de él, ya no quería guardarle nada, vacío, eso quería que fuera él.
Y aunque él fuera el último pensamiento del día, no había nada de él buscara donde buscara, sólo en ella, y eso era lo mas dificil de organizar: los sentimientos. Pero aprendió a no tener que mirar el móvil para ver si aparecía su nombre, a no depender de ningún tipo de olor, y a no buscar su mirada en cada calle.
No lloró, ni tan siquiera cuando rodeada de toda su mierda su nombre aparecía en todas las partes. Él no es importante, se repetía, no es más que una obsesión, una droga.
Y ¿que ironía no? Nunca había estado dentro de su vida, ni él en la de ella, y aún así era como si conociera cada uno de sus detalles.
Su verborrea mental fue disminuyendo y el corazón quedó en desuso.
Pero quizá por morbo, o por masoquismo, cuando ella tenía todo preparado y a punto de dejarlo en el contenedor, su nombre apareció en la pantalla del móvil.
Tembleque, rabia y luego risa. ¿Por qué ahora? ¿ P O R Q U É ?
¿Aburrimiento? ¿Soledad? ¿Sexo? ¿Lástima?
Esquivas una propuesta que no tardaría en repetirse, y que vuelves a esquivar. ¿Y ahora qué?
¿Tirarlo al contenedor, volverlo a guardar o tirarlo al contendor y jugar?
Es bastante probable que de las dos primeras se arrepienta, pero la tercera tiene el 90% de posibilidades de salirle al revés.
Cabrón.