martes, 23 de marzo de 2010

Y ahora qué

No dijo ni que si ni que no. Ni tan siquiera dijo adiós. Más bien se limitó a decir un 'ya nos veremos' que casi muerde más el corazón que un 'sal de mi vida'.
Y dándole la espalda, desapareció. Él se fue y ella se quedó, con la manía de latidos rápidos e incoherentes cada vez que sonaba el móvil y con la sensación de ahogo cada vez que al girar una esquina alguien le parecía él o su coche. Eso le dejó; un montón de mierda que organizar, separar y ordenar, como aquel que tiene todos sus cd's ordenados por años de fecha, colores o alfabéticamente. En eso basaba su tiempo, en ordenar toda la mierda sentimental que había dejado tras su paso, mentiendo en cajas conversaciones y palabrería barata, en bolsas de plástico de Mercadona miradas y sonrisas a la par que enfados y todas sus idas y venidas, que fueron muchas. En el cesto de la ropa sucia metió caricias, besos y su olor; el mismo del que le encantaba impregnarse y del que terminó siendo dependiente. Por la ventana tiró sus llamadas, sus mensajes, sus 'preciosa' y sus 'nena'. También cogió el rencor que le guardaba y se desprendió de él, ya no quería guardarle nada, vacío, eso quería que fuera él.
Y aunque él fuera el último pensamiento del día, no había nada de él buscara donde buscara, sólo en ella, y eso era lo mas dificil de organizar: los sentimientos. Pero aprendió a no tener que mirar el móvil para ver si aparecía su nombre, a no depender de ningún tipo de olor, y a no buscar su mirada en cada calle.
No lloró, ni tan siquiera cuando rodeada de toda su mierda su nombre aparecía en todas las partes. Él no es importante, se repetía, no es más que una obsesión, una droga.
Y ¿que ironía no? Nunca había estado dentro de su vida, ni él en la de ella, y aún así era como si conociera cada uno de sus detalles.
Su verborrea mental fue disminuyendo y el corazón quedó en desuso.
Pero quizá por morbo, o por masoquismo, cuando ella tenía todo preparado y a punto de dejarlo en el contenedor, su nombre apareció en la pantalla del móvil.
Tembleque, rabia y luego risa. ¿Por qué ahora? ¿ P O R Q U É ?
¿Aburrimiento? ¿Soledad? ¿Sexo? ¿Lástima?
Esquivas una propuesta que no tardaría en repetirse, y que vuelves a esquivar. ¿Y ahora qué?
¿Tirarlo al contenedor, volverlo a guardar o tirarlo al contendor y jugar?
Es bastante probable que de las dos primeras se arrepienta, pero la tercera tiene el 90% de posibilidades de salirle al revés.
Cabrón.

5 comentarios:

iReNe dijo...

ais!! qué hizo?? contestó el móvil??

lo solemos hacer.. lo cual es un error. en el fondo todas somos masoquistas.

Sese dijo...

A veces nos creemos libres cuando somos tan esclavos como siempre. En el fondo es una libertad irreal, ficticia. Pero, cómo cuesta alcanzar la verdadera LIBERTAD

Un abrazo

UNA CERVEZA dijo...

Tiene que aprender a vivir su vida y a no ser tan dependiente... Pero qué difícil es eso...
Saludos

MeTis dijo...

yo ni tengo ese dilema, me tiró él a mi al contenedor de la basura.
(hace dos dias)

:-((

Eva Danaus dijo...

Un/a adicto/a nunca se puede permitir el lujo de coquetear con su droga. La ilusión de control le puede convencer de que sólo juega, de que está bajo su dominio y voluntad. Pero lo cierto es que se es adicto/a a algo o a alguien para siempre, nunca se puede bajar la guardia.
Quizá ella debería hacer el esfuerzo de no caer en la tentación y dejarse fluir hasta que encuentre algo o alguien que le aporte cosas buenas sin necesidad de narcotizarla...