miércoles, 30 de septiembre de 2009

Arte

'Cuando estuvo muerta, la tendió en el suelo entre los huesos de ciruela, le desgarró el vestido y la fragancia se convirtió en torrente que le inundó con su aroma. Apretó la cara contra su piel y la pasó, con las ventanas de la nariz esponjadas, por su vientre, pecho, garganta, rostro, cabellos y otra vez por el vientre hasta el sexo, los muslos y las blancas pantorrillas. La olfateó desde la cabeza hasta la punta de los pies, recogiendo los últimos restos de su fragancia en la barbilla, en el ombligo y en el hueco del codo.'


El perfume, Patrick Süskind

domingo, 27 de septiembre de 2009

Me imaginé.

Me imaginé de muchas formas como sería el final pero nunca llegaba. Era ese vacío de sentir que la vida se te escapa de las manos, estar rodeada de gente con sus prisas, sus trabajos, sus estudios, sus miradas... y tú abrazada a tu soledad. Esa soledad tan inmensa que avisaba de que llegaría, de que algún llegaría lo que desde hace tiempo sabías que sucedería. Final. Y no habría más. Pero cada vez que lo tenías claro, que decidías cambiar tu vida de pies a cabeza la palabra fin volvía a esfumarse y llegaba esa sonrisa infinita que se te formaba en la cara. Cada vez dolió más. Cada vez más...
Me lo imaginé en una azotea de uno de esos lugares mágicos. Barcelona hubiera estado bien. Una azotea en Barcelona una noche de invierno, el frío en la cara y las manos, ese frío que me hace sentir tan viva a la par que el corazón estaba tan muerto, con las estrellas sobre mi cabeza y entre mis brazos todos esos recuerdos.
Pero no fue así. Me pilló sentada en un rincón de mi habitación con la cara entre las manos y ese vacío interior con el que te cuesta hasta respirar. Y no hubo más. Por lo menos hasta ahora. Y dolió, joder que si dolió.

Morir en lugar de alguien a quien se quiere me parecería una buena forma de acabar...

martes, 22 de septiembre de 2009

Debilidades

¿Entendeis eso de 'haría lo que fuera por esa persona' y a lo mejor llevas sin verla muchísimo tiempo cuando sabes que tu para ella eres bastante poco?
No entiendo porque podemos llegar a padecer tal grado de estupidez y rebajarnos a dar algo que siempre se nos quita. Puede ser un primo, alguien por el que te sientes atraído, una amiga o simplemente un conocido.
Pero es como si te sintieras en deuda con esa persona (por algo que nunca ha hecho y que nunca hará por ti) y le sacas la cara una y otra vez hasta que un día te das cuenta y dices basta. ¿Basta? Pero si luego os volvereis a encontrar te dará una sonrisita y un par de abrazos y ya volverás a creer en esa persona ficticia y maravillosa que no existe. ¿Por qué pasa esto? ¿Es que tenemos una debilidad tan latente y frágil por esas personas que aunque nos hayan fallado mil veces somos capaces de olvidar y seguir a su lado? ¿Somos así y a veces no somos capaces de perdonar a amig@s de toda la vida que han estado siempre a nuestro y con los cuales nos enfadamos por tonterias? ¿Son debilidades o es que idealizamos a esas personas por un momento dado que creemos que siempre serán así?
Y lo peor de todo es que sé que no darían nada por mi, y que no me aportan nada.

domingo, 13 de septiembre de 2009

Seis

18 de agosto. No suelen gustarme esas tres palabras cuando van juntas. La verdad es que los días previos al 18 de agosto no me gusto ni yo. Realmente no sé como se define esa sensación, quizá hace seis años a hubiera plasmado mucho mejor, pero ya no es hace seis años. Antes me hacían gracia las personas que decían que cuando llegaba el aniversario de algo doloroso lo sentían por dentro, como una punzada en el corazón. Yo pensaba que eso eran tonterías, ya que el dolor se siente los 365 días del año, y no sólo el día clave. Hoy, estoy en disposición de afirmar que se siente. Puede que no sea un dolor pronunciado, pero sientes esa melancolía dentro de ti que te recuerda a algo, algo que no sabes que será pero que está ahí. Entonces empiezas a pensar, miras el calendario, y te das cuenta de que no queda casi nada para que sea 18 de agosto. Por sexta vez. Es como si tu cuerpo reaccionara ante el hecho de que se avecina tormenta, o yo que sé. Es como si volviera a vivirlo, como si estuviera allí otra vez queriendo deshacer lo hecho, gritando lo callado o llorando lo sonreido.
Siempre he dicho que no me gusta el conformismo. Hace seis años tuve que conformarme con algo pequeñito e insignificante para poder sobrevivir y actuar como si las cosas no dolieran. Hoy también me conformo con permitir que el alma me duela cada 18 de agosto.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Metamorfosis

- ¿Piensas en ello?
- ¿En qué?
- ... En todo lo que pudo haber sido y no fue.


domingo, 6 de septiembre de 2009

El odio

El odio, que sentimiento tan peculiar ¿verdad? Muchos dicen que odiar a alguien es darle demasiada importancia, otros que el odio es de los débiles, otros aseguran no odiar a nadie por ser algo detestable.
Para mí, el odio es sinónimo de fuerza. Sí, de fuerza. Porque cuando ese sentimiento me invade me siento viva, como si notara cada gota de sangre fluyendo por cada una de mis venas. El corazón latiendo en bruto, los ojos inyectados en rabia, el cuerpo frenético como si de espasmos de electricidad se tratara, la garganta deseando desentonar con sus gritos más agudos. Es alucinante. Entonces es cuando me siento capaz de todo, como si una fuerza sobrenatural me empujara a hacer lo que el día anterior no me atrevía por falta de ganas o de ánimo.
El odio hacia una persona también me ayuda a borrarla, pero no de una manera repulsiva y agresiva, si no a llegar a sentir tal indiferencia que se me olvida que existe (y que existió).