lunes, 31 de agosto de 2009

Sin mi

A veces creo que te echo de menos. Solía imaginarte agarrado a mi mano cuando paseaba por la calle hasta que me daba cuenta de que tú no estabas. De que tú nunca estabas. Pero a veces veo tu cara de nuevo en mis sueños, y me vuelvo a preguntar si realmente el problema es mío por no saber olvidar. Nunca conseguí hacerlo. Con nada. Con nadie.
Ya no dueles, pero quizá es que el tiempo que estuviste (o por lo menos el que yo lo consideré así) te dedicaste a hacerme una pequeña arruguita en mi piel, de esas que ya no se van nunca. Pienso que el hacerse viejo no se compone por la cantidad de células que mueren, o por lo cantidad de años que vivas, si no por las heridas. Cada herida es una arruga, y la tuya ahora casi ni se ve, porque tampoco fue tan doloroso. Y por eso me odio, por no saber odiarte. Pero ya no te busco por la calle, ni en la agenda telefónica, ni espero tus llamadas, ni releo tus mensajes. No me acuesto soñando contigo ni me despierto pensando en ti. Simplemente que a veces consigues volverte a colar por una pequeña rendija de mi alma y creo que te echo de menos. Simplemente.
¿No os ha pasado alguna vez que después de muchas tinieblas, cuando por fin sale el sol hay un día que sucumbís? Es como si ni siquiera nosotros mismos nos permitiéramos ser felices, y te paras a pensar en las cosas importantes en las que ya nadie piensa porque les parecen insignificantes, como el olor a lluvia un día de sol, en el sonido del mar cuando sale en las noticias que un marinero acaba de morir en él, en cuando tiras un yogurt caducado a la basura y deseas comer helado de yogurt, en la muerte en un supermercado... No sé.
Hoy me pasó algo muy extraño viendo una película, que no tenía nada que ver con mi vida, pero me hizo llorar hasta que se me secaron las lágrimas, y de repente pensé en todas esas idioteces. En las personas que ya no están, en las que quisieron irse, en las que no veo... En momentos en los que esas personas fueron importantes para mí, en los que me hicieron llorar, de alegría o tristeza que más da. ¿A dónde va todo? ¿A dónde van todas las cosas que creamos?
¿De verdad todos pueden olvidar tan rápidamente? ¿De verdad pueden sentir indeferencia tan pronto hacia alguien con el/la que han compartido experiencias? ¿Por qué? ¿A dónde va todo?

Hoy me dí cuenta de que no necesito un abrazo. Si no alguien a quien abrazar.

6 comentarios:

iReNe dijo...

Qué película veías? Mi vida sin mí? Porque esa la vi el otro día y se me vino a la cabeza exactamente lo mismo...

Me encanta lo que escribes, creo que me has inspirado para escribir una entrada hoy.

toni dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ToNee dijo...

pues creeme cuando digo que yo estoy descubriendo, que lo que realmente necesito es... estar solito y tranquilo :O

Arkadas de Hipokresia dijo...

No hablaba de tener una pareja a la que abrazar. Si no a alguien en general. Pero el resto del texto no habla d eso.

kayako saeki dijo...

Ha eso le llamo MELANKOLIA..... A mí me viene y me va..... aparece y desaparece, komo un fantasma en mi habitación.....

Las experiencias ke hemos vivido no las podemos borrar, kizás si olvidar, pero las huellas ke se han kedado en nosotr@s, no se pueden borrar...

besos

Oski dijo...

El calor humano es vital para poder sobrevivir.

No tiene que ser una pareja, puede ser un amigo/a o simplemente alguien que te escuche o se deje abrazar, como un oso de peluche a escala humana.

No sirve de mucho y, aunque no lo necesites, te dejo mi abrazo, que nunca está de más.