sábado, 7 de febrero de 2009

Memorias olvidadas

Él no se contentaba con una casa, un trabajo y una familia. Desde pequeño decía que no quería ser como los demás, que él había nacido para volar y no para quedarse en un pequeño pueblo de Barcelona de por vida con tantos hermanos como el que dicen ser el número de la mala suerte. A donde fuera daba igual, siempre volvía, con una sonrisa en la cara y con el pelo alborotado. A veces con uno de los ojos morados, el cuerpo lleno de magulladuras o con unos brazos un tanto intoxicados. Había que desistir de preguntarle donde había estado, siempre contestaba lo mismo: ‘En el cosmos’. Pero era él, un alma libre, un eterno viajante de esos que cuentan historias que te ponen los pelos de punta mientras miras sus brillantes ojos impasibles y cariñosos.
No lo conocí, o por lo menos era demasiado pequeña para acordarme, todo lo que sé es lo que me han contado pero es como si lo conociera desde siempre. Dicen que un día se fue y ya no volvió más. Que había tomado la última determinación de libertad absoluta, y que ahora… ahora si que es libre.

2 comentarios:

Itzia, la del cabello largo e ideas cortas dijo...

Libre al fin. ¿Y tu cuando lo seras?

Troba dijo...

Era de los que cuando se van, le crecen labios al mundo?...

saludos!