martes, 30 de septiembre de 2008

Ellas

Las Trece Rosas es el nombre colectivo que se les dio a un grupo de trece muchachas, siete de ellas menores de edad (entonces establecida en 21 años), fusiladas por la represión franquista en Madrid, el 5 de agosto de 1939, poco después de finalizar la Guerra Civil Española.


Carmen Barrero Aguero (20 años, modista). Trabajaba desde los 12 años, tras la muerte de su padre, para ayudar a mantener a su familia, que contaba con 8 hermanos más, 4 menores que ella. Militante del PCE, tras la guerra, fue la responsable femenina del partido en Madrid. Fue detenida el 16 de mayo de 1939.


Martina Barroso García (24 años, modista). Al acabar la guerra empezó a participar en la organización de las JSU de Chamartín. Iba a la Ciudad Universitaria a buscar armas y municiones (lo que estaba prohibido). Se conservan algunas de las cartas originales que escribió a su novio y a su familia desde la prisión.


Blanca Brisac Vázquez (29 años, pianista). La mayor de las trece. Tenía un hijo. No tenía ninguna militancia política. Era católica y votante de las derechas. Fue detenida por relacionarse con un músico perteneciente al Partido Comunista. Escribió una carta a su hijo la madrugada del 5 de agosto de 1939, que le fue entregada por su familia (todos de derechas) 16 años después. La carta aun se conserva.


Pilar Bueno Ibáñez (27 años, modista). Al iniciarse la guerra se afilió al PCE y trabajó como voluntaria en las casas-cuna (donde se recogía a huérfanos y a hijos de milicianos que iban al frente). Fue nombrada secretaria de organización de Radio Norte. Al acabar la guerra se encargó de la reorganización del PCE en ocho sectores de Madrid. Fue detenida el 16 de mayo de 1939.


Julia Conesa Conesa (19 años, modista). Nacida en Oviedo. Vivía en Madrid con su madre y sus dos hermanas. Una de ellas murió de pena (por la muerte de su novio en las guerrillas) estando ella detenida. Se afilió a las JSU por las instalaciones deportivas que presentaban a finales de 1937 donde se ocupó de la monitorización de estas. Pronto se empleó como cobradora de tranvías, ya que su familia necesitaba dinero, y dejó el contacto con las JSU. Fue detenida en mayo de 1939 siendo denunciada por un compañero de su "novio". La detuvieron cosiendo en su casa.


Adelina García Casillas (19 años). Militante de las JSU. Hija de un guardia civil viudo. Le mandaron una carta a su casa afirmando que sólo querían hacerle un interrogatorio rutinario. Se presentó de manera voluntaria, pero no regresó a su casa. Ingresó en prisión el 18 de mayo de 1939.


Elena Gil Olaya (20 años). Ingresó en las JSU en 1937. Al acabar la guerra comenzó a trabajar en el grupo de Chamartín.


Virtudes González García (18 años, modista). Amiga de María del Carmen Cuesta (15 años, perteneciente a las JSU y superviviente de la prisión de Ventas). En 1936 se afilió a las JSU, donde conoció a Vicente Ollero, que terminó siendo su novio. Fue detenida el 16 de mayo de 1939 denunciada por un compañero suyo bajo tortura.


Ana López Gallego (21 años, modista). Militante de las JSU. Fue secretaria de Radio Chamartín durante la Guerra. Su novio, que también era comunista, le propuso irse a Francia, pero ella decidió quedarse con sus tres hermanos menores en Madrid. Fue detenida el 16 de mayo, pero no fue llevada a la cárcel de Ventas hasta el 6 de junio. Se cuenta que no murió en la primera descarga y que preguntó "¿Es que a mi no me matan?".


Joaquina López Laffite (23 años). En septiembre de 1936 se afilió a las JSU. Se le encomendó la secretaría femenina del Comité Provincial clandestino. Fue denunciada por Severino Rodríguez (número dos en las Juventudes Socialistas). La detuvieron el 18 de abril de 1939 en su casa, junto a sus hermanos. La llevaron a un chalet. La acusaron de ser comunista, pero ignoraban el cargo que ostentaba. Joaquina reconoció su militancia durante la guerra, pero no la actual. No fue conducida a Ventas hasta el 3 de junio, a pesar de ser de las primeras detenidas.


Dionisia Manzanero Salas (20 años, modista). Se afilió al Partido Comunista en abril de 1938 después de que un obús matara a su hermana y a unos chicos que jugaban en un descampado. Al acabar la guerra fue el enlace entre los dirigentes comunistas en Madrid. Fue detenida el 16 de mayo de 1939.


Victoria Muñoz García (18 años). Se afilió con 15 años a las JSU. Pertenecía al grupo de Chamartín. Era la hermana de Gregorio Muñoz, responsable militar del grupo del Sector de Chamartin de la Rosa. Llegó a Ventas el 6 de junio de 1939.


Luisa Rodriguez de la Fuente (18 años, sastra). Entró en las JSU en 1937 sin ocupar ningún cargo. Le propusieron crear un grupo, pero no había convencido aun a nadie más que a su primo cuando la detuvieron. Reconoció su militancia durante la guerra, pero no la actual. En abril la trasladaron a Ventas, siendo la primera de las Trece Rosas en entrar en la prisión.



A la memoria de ellas, y de todos los muertos de la Guerra Civil.

viernes, 26 de septiembre de 2008

Ya lo dijo un sabio...

Del amor al odio sólo hay un paso...


Y del odio al amor? Hay otro paso, o es uno hacia atrás?

Nunca me gustó ir hacia atrás...

domingo, 21 de septiembre de 2008

Y luego?

Aunque muchas veces duela, lo piensas y no es más que una simple palabra. Pero es que no deja de ser tan triste y a la vez patética. Porque cuando se dice es cuando ya se ha perdido la esperanza, la ilusión... Es cuando ya no queda nada, aunque deje a otros corazones rotos y sin aliento, no se piensa en las consecuencias, no son más que cinco letras unidas flotando en el aire alrededor de lágrimas, sollozos, ahogos, tristeza o libertad. Creo que jamás he entendido la facilidad que tienen muchas personas para decirlo, para olvidarlo todo, para dejarlo todo de lado de repente. Es algo que no entiendo, y lo que no entiendo me cabrea. Me cabrea muchísimo. Porque de repente brota de unos labios y te quedas mirando al vacío recapacitando, pensando en que pudo ir mal, o porque han tenido que ser así las cosas. A veces son obligados, por la distancia o por muchas historias más, pero esos que se dicen porque así lo creen... Esos son los que me cabrean. Así que ahí te ves, recogiendo los pedazos que quedan de tu maltrecho corazón y dandote la vuelta y empezando a caminar. Adiós. Y luego? Y luego... nada.

jueves, 18 de septiembre de 2008

Quiza

'Quizá nuestro verdadero destino es estar siempre en camino, mirando hacia atrás con tristeza y hacia delante con impaciencia, siempre anhelando descando y siempre sin reposo; pues siempre es un camino sagrado aquel cuya meta se desconoce y que, sin embargo, se sigue con perseverancia, tal como ahora nosotros caminamos esta noche la oscuridad y el peligro, sin saber lo que nos espera.'

Stefan Zweig

sábado, 13 de septiembre de 2008

Mirando al cielo

Era una de esas cenas en las que se reúne toda la familia y entre falsas risas y sonrisas e hipócritas abrazos se ponen al corriente de lo normales que resultan sus vidas. Se ponen al corriente para tener algo que contarse, porque a parte de la sangre no hay nada que los una. Es irónico el no poder evitar sentirte más cercano y más familiar a amigos o personas de tu vida que a los que son de tu familia. Pero bueno, así es. De pequeña recuerdo que más de una vez tenía que aguantar las ganas de llorar de ver en lo que se habían convertido los unos para los otros. Primos que habían sido como hermanos (o eso habías creído tú), y que ahora eran más bien extraños a los que soportabas por educación. La relación de tus abuelos con tus padres, que daba un aire hipótetico de recelo y resignación. Hermanos de 'quita y pon'. Y me cabreaba. Pero no el hecho de que las relaciones se deformen, si no que mi idealización de familia había sido otra toda mi vida. Y me preguntaba si dentro de unos años yo sería así. No lo quería, por supuesto, pero supongo que como ninguno de ellos a la temprana edad y viera aquel panorama de falsedad lo querría. Así que me terminé el postre y me despedí cortesmente de todos, pero más efusivamente de aquel hombre de pelo blanco y ojos idénticos a los míos al que aún (aunque ya no pueda verme, ni escucharme) llamo abuelo, y de aquella niña (que ya no es tan niña, aunque no la puedo mirar con otros ojos) de pelo rubio y una sonrisa que embaucaria a cualquiera. Paseé unas cuantas manzanas, no sé exactamente cuantas, hasta que los 'nosecuantos' centímetros de mis tacones me pidieron un respiro. Me senté en un banco, a la luz de una farola y me encencí un cigarrillo. Estaba pensando en todo esto y de repente le oí.
-¿Tienes fuego?
Me quedé mirándole fijamente a los ojos hasta que él se decidió a sonreir. Yo no le devolví la sonrisa, como creo que él se podía esperar y le tendí el mechero. Se sentó a mi lado y estuvimos hablando durante horas. Se me había olvidado lo rápido que se me pasaban con él los segundos, los minutos, las horas... hasta los días.
-Hoy hace una noche una preciosa.
Como si no me hubiera fijado. Siempre decías eso, aunque hiciera una noche horrible, pero yo ya me había acostumbrado a que cuando se nos acababan los temas de conversación dijeras algo así. En el fondo me encantaba que lo dijeras. Hasta la noche más fría me resultaba caliente (antes) si era contigo.
-Ven conmigo.
-¿A dón..
-No está lejos, sólo te quiero enseñar una cosa.
Decidí no hacer más preguntas y le seguí. No caminamos más de diez minutos y llegamos a una especie de parquecito por un camino empedrado. Un sendero se desviaba hacia la derecha donde había unos columpios rodeados por unos rosales y unas vallas de un color verde similar al de las hojas de los rosales. A la izquierda unas colinas inmensas (no lo eran, pero en ese momento lo parecían) de hierba en las que no había más de dos o tres árboles. Nos dirijimos hacia allí y nos sentamos en la hierba. Te pusiste a mirar el cielo y me dijiste que las observara. Era realmente bello. Cientos de estrellas.
-Fíjate en esa. ¿Te gusta?
Era pequeña pero brillaba con fuerza. Con una gran fuerza. Pero algo se me vaciaba cuando la miraba. Me quedé mirándola un par de minutos hasta que respondí:
-Tal vez sí, tal vez no... Demasiado triste para ser bonita, y demasiado bonita para ser triste.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Y ahora qué, idiota?

No sé realmente que escribir hoy, ni siquiera sé si quiero hacerlo. Tenía pensado poner alguna frase de algún gran filósofo que describiera lo que siento ahora mismo, pero después de poner una y luego otra y borrarlas, me he dado por vencida. Ahora es uno de esos momentos en los que pienso que no me conozco ni la mitad de lo que yo pensaba. Creía que quería escribir algo y ahora no me salen las palabras. No soy tan 'pasota' como yo pensaba o como yo quería, porque igual es eso, igual no es que yo fuera así por las circunstancias o los hechos, si no que fuera así porque lo he querido yo de esa manera. Y me reía de ti cuando me decías que me cerraba o que a veces te daba la impresión de que era de hielo y a lo mejor es que todo ese juego me divertía. Me divertía y ahora me cansa todo. Porque de repente un día llegas tú a revolucionar mi cabeza y a derretir ese hielo. Y te odiaba por quererme y te quería por odiarme. Si es que no soy fácil de comprender. No me comprendo ni yo misma. Y ahora te vas, y me vuelvo a quedar pensando, en si no hubiera sido mejor haberme quedado cerrada a ti y a tus besos o no. En si volver a llamarte o no. En si querrás hablar conmigo o no. En si callarme y volver a convertirme en alguien totalmente ajeno y pasivo al amor, o volver a sufrir. Y ya sé que dije que no volvería a escribir en un tiempo de amor, pero ya veis, no me conozco lo suficientemente bien. Soy idiota

lunes, 8 de septiembre de 2008

El 'Deseo'

'Parecía un chiquillo y estaba realmente atractivo, y era mucho más apasionado de lo que ella había imaginado. Volvió a besarla y ella se dio cuenta de que le deseaba, y le abrió la camisa mientras él le desabrochaba el sujetador, le acariciaba los pechos y se inclinada para besarle los pezones. Ella quería pedirle que se detuviera, pero no podía. Y cuando al final logró apartarse de él los dos estaban a medio vestir y jadeando de deseo. Ella parecía asustada.
- No quiero hacer nada que más tarde podamos lamentar.
- Jamás lamentaría algo que pudiera hacer contigo- susurró él.
Sus manos eran maravillosas. Una parte de ella quería que se marchara, otra no. Deseaba acostarse con él y por una vez no estar sola. Era Fin de Año y no quería pensar en nada salvo en el presente.
Ella, con la blusa y las medias puestas. Él, con la camisa y los calzoncillos, y cuando se abrazaron ella lo notó de forma muy diferente. Estaba apunto de dormirse cuando de repente lo notó. Él se hallaba tumbado a su lado como al principio, pero la camisa y los calzoncillos habían desaparecido y le estaba bajando lentamente las braguitas. Ya le había quitado las medias y ella no estaba muy segura de querer resistirse. La besó, la tocó, la acarició y la condujo lentamente al frenesí. Ella no le habría detenido en ese momento por nada del mundo. Él le tocaba el cuerpo como si fuera un arpa y ella se arqueaba hacia atrás, deseando sentirle dentro. Finalmente, le dió lo que queria. Y le hizo disfrutar una y otra vez hasta volverla loca, y al final ella tuvo que suplicarle que parara porque no podía soportarlo más. Luego entraron en la ducha y volvió a hacerle el amor.'






El largo camino a casa, de Danielle Steel.

viernes, 5 de septiembre de 2008

Condritis

Desde hace un tiempo que me he notado unos pequeños bultos en el pecho, y ya cuando comenzaron a doler un poco, me decidí a ir al médico, ya que es una cosa que prefiero retrasarla lo más posible. Odio los médicos. Después de tenerme una semana haciendome pruebas y mandándome de un sitio a otro esto es lo que me dicen que tengo:

Condritis

La condritis es la inflamación dolorosa del cartílago. Un tipo de tejido localizado en determinadas zonas del hueso que va a crecer (sus extremos). Otras zonas son la inserción de las costillas en el esternón, las orejas o la nariz. Se trata con antiinflamatorios y suele doler durante semanas.

Bien bueno, a mí me ha salido en las costillas y resulta que no me pueden hacer nada. Ni saben de que me ha salido ni porqué. Me han dicho que puede ser hereditario, pero vamos, que no tienen ni idea. Esos bultos se me quedan ahí conmigo y como mucho me dan tratamiento para el dolor. Por lo menos no es malo, pero vayas cosas que pasan.

martes, 2 de septiembre de 2008

Puedo escribir..

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos».

El viento de la noche gira en el cielo y canta.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.


Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.


La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
Ella me quiso, a veces yo también la quería.


Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.


Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.
Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.


Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.


La noche está estrellada y ella no está conmigo.
Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.


Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Como para acercarla mi mirada la busca.


Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.
La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.


Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.


Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.
De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.


Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.


Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,


Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.

lunes, 1 de septiembre de 2008

El roce de tu cuerpo

Cuando un final se convierte en un principio, y un principio en un infierno...


Te pilla la tarde en tu cuarto otra vez,
no suena el teléfono y tú sabes porqué;
cervezas vacías en tu habitación,
el cenicero lleno humea en un rincón.
Seguro que sola está ella también
tirada en la cama sin saber qué hacer.
No sé cómo comenzó la discusión
ni a quién le toca ahora pedir perdón.
Y creo que muero
si no siento el roce de tu cuerpo junto a mí.
Recuerdo tus labios
y esos ojos que al mirar casi hacen daño.
Mientras la radio aburre con una canción
miro aquella foto y me siento peor,
y yo ya no sé lo que ha podido pasar,
lo que estaba bien, ahora está fatal.
Seguro que sola está ella también,
tirada en la cama sin saber qué hacer.
No sé cómo comenzó la discusión
ni a quién le toca ahora pedir perdón.
Y creo que muero
si no siento el roce de tu cuerpo junto a mí.
Recuerdo tus labios
y esos ojos que al mirar casi hacen daño.





Podría estar escuchando esta canción las 24 horas del día..