domingo, 21 de diciembre de 2008

Regreso al pasado

Tres, sí, eran tres. Ella no conoció otro número. Estaba claro, ellos ya estaban ahí cuando ella llegó. El primero era algo solitario, algo seco y borde. Nunca le gustó ir de simpático por la vida, siempre prefirió destacar desde otro punto de vista. Era el primero, así que por mucho que no le gustara a la vez tenía que ser el protector. Nunca mostraba su cariño a los otros dos, pero si a alguien se le ocurría tocarlos, le faltaba el tiempo para acudir en su ayuda. Todo un rockero, ya desde pequeño comenzó sabiendo lo que quería. Era todo un personaje, y le querían. Le querían con locura. El segundo era la alegría de la casa, el loco, el soñador. Siempre protegiendo a la pequeña, haciéndola reir todo el día. Se le caía la baba con ella. Siempre era el líder, todos lo admiraban, todos lo seguían. Y nunca se le subió nada a la cabeza, nunca se le olvidó de donde venía, como tampoco se le olvidó con quien había venido. Y para variar, siguió al primero. Otro rockero. La tercera era el bicho raro, así se veía ella. Ellos nunca lo pensaron así. Físicamente parecía gemela del segundo, pero no eran ni hermanos. Moralmente era como el primero. Pocas sonrisas regalaba, las que más brillaban eran para ellos dos. Y como no, otra rockera. A los padres no les gustaba, pero a ellos les daba igual. LLegó la época de los conciertos, del alcohol, de las drogas, del rock and roll callejero. Pero eso nunca les perjudicó demasiado. Sus notas en el instituto fueron excelentes siempre. Pero bueno, que me voy por las nubes. Antes de que esa época llegara, llegó otra cosa. Una preciosidad rubia, pequeñita y risueña. Sí, la cuarta. Todos pensaron que cuando ella llegara la tercera acabaría por morirse de celos porque ahora ella ya sería la pequeña, pero fue completamente al contrario. Ella siempre se les escapaba de sus espectativas. La quería como a nadie, la cuidaba, protegía y mimaba. Y le enseñó todo cuanto pudo. Así que salió otra rockera. Otra rockera que se parecía físicamente al segundo y a la tercera, pero notablemente más a la tercera, sería por eso de los genes femeninos. El primero nunca la trataba demasiado bien, pero en el fondo los otros dos sabían que era su niña. Era algo metamorfo, si me permitís la palabra. Así que al poco tiempo apareció el quinto. Tenía la arrogancia del primero y la simpatía del segundo. Este sí, se parecía físicamente al primero. Con él no aparentaba nada, con él nunca fue borde o seco, a él se lo regalaba todo. Fue como su marca de cocaína. Aunque eran más de diez años los que los separaban. Y como el primero le dió todo su ser (y también fue bastante la influencia de la tercera) salió otro rockero. Así fueron creciendo, los cinco, juntos, apoyándose, tambaleándose, cayéndose, levantándose, queriéndose. Escuchando rock todo el día, aprendiendo de la vida, aprendiendo de la calle, de carreras, y de algún que otro personaje. No siempre fue todo así, a veces podían pasar meses sin verse, y no lo entendían, hasta que a uno le daba por llamar y nada volvía a separarlos. Se sentían aunque estuvieran lejos. No podían soportar perderse. Y así transcurrieron los años, y así transcurrirán muchos más. Eran más que una familia, eran una sola alma, dividida en cinco partes. En cinco porciones que necesitaban de las otras para poder mantenerse en pie.

3 comentarios:

Sese dijo...

Curioso, conozco una familia de cinco hermanos que se parece bastante a la que describes. Es una sola chica y la fiebre del rock sólo ha afectado a dos hermanos pero hay bastantes similitudes, vaya.

Hasta otra

Princess Valium dijo...

Qué envidia me das.
Besos

ToNee dijo...

ni contigo ni sin ti, eso define muy lo escrito. saludos!