jueves, 6 de noviembre de 2008

A treinta grados bajo cero

-Tienes las manos heladas, pequeña. Ven
-No
-¿No? ¿Por qué?
-Más helado tenía el corazón y más te alejaste. No te vengas a preocupar ahora.
-No seas tan dura contigo misma. Siempre eres tú y tus jodidas contradicciones...
-Yo y mis jodidas contradicciones... Que sabrás, que coño sabrás tú de contradicciones, a ti que te la suda todo y eres un ser totalmente dependiente. Dime, ¿qué querias de mi, que esperabas? ¿Que te diera algo más que al resto? Que equivocado estabas, te lo advertí una vez, no estoy hecha para nadie y mucho menos para ti, pero yo nunca he jugado con los sentimientos de nadie. Si quieres dar algo, que sea por que lo sientes, pero a mí, a mí no me des nada esperando que yo también lo haga. Todo lo que yo te di, fue totalmente desinteresado, y así me ha ido. Pero no creas, no me digas ahora que siempre soy yo, cuando tú estás totalmente limitado.
-Nosotros no hemos sido una casualidad, pequeña. Pero...
-Pero tú prometiste que el frío no llegaría... y míranos.

3 comentarios:

Un estertor dijo...

Buen bucle el aquí montado.
Algún problema que solucionar, pero qué más dará.


Saludos varios.

Oski dijo...

Las promesas en estos casos siempre caen en saco roto.

Algunos prefieren no decirse nunca "te quiero" por si algún toca salir corriendo , que sea más fácil todo.

Sin embargo considero que es imposible y que el cuando el frío llega, ya sea con te quieros o sin ellos, congela el corazón de la misma forma.

Un abrazo y ánimo.

Anónimo dijo...

Cuánta razón en esas palabras... A mí también se me ha echado el frío encima hace un par de meses, y queda muy lejos la primavera...

No sé tú, pero yo cometí el error de creerle, de entregarme, y me odio por esto... ¿Por qué prometen cosas que no pueden mantener?