martes, 18 de noviembre de 2008

Estupidez humana: Si decís que la tortura es cultura... AMÉN

Viernes noche de nuevo, noche de cacería. Antes de prepararme me fumo un cigarro en la terraza mirando a la luna llena con cierta lujuria. Porque los viernes por la noche siempre hay luna llena, será por eso que los lobos aullan más que nunca. Así que me pongo un vestido rojo, a juego con las labios y me marcho a un bar en busca de ‘algo’ que pueda saciarme. Después de un rato veo lo que estaba buscando y entre groseras sonrisas y miradas saboreo el whisky de mi vaso. No tarda mucho en acercarse, está pensando que esta noche se va ‘a poner las botas’ conmigo, lo sé. Pero lo que él no sabe es lo equivocado que está. Demasiado pronto para decirle que se venga a mi casa, pero él acepta igual, vaya desesperado. Una vez en el ascensor, él contra la pared y yo besando todo su cuello. Quiere pararlo, quiere hacerlo ahí, pero yo le digo que el cómo y cuando lo marco yo. Con una sonrisa de placer sale del ascensor y seguidamente entramos en mi casa. Lo tumbo en la cama y le digo que cierre los ojos. Le ato las manos y los pies y él se deja. Piensa que es algún juego donde el juguete sexual va a ser él y que va a subir al cielo sin tener que hacer nada. Pobre desgraciado. Le quito ya la poca ropa que en su piel quedaba y empiezo a besar todo su cuerpo hasta llegar a su ombligo. Pide que siga.
- Claro que voy a seguir…
Un ruido seco y un horrible grito se escuchan en las entrañas de la luna. Ahora es cuando los lobos comienzan a aullar, jaja. Esta atado en casa de una desconocida y acaba de perder la parte más preciada de su cuerpo mediante un simple cuchillo de cocina. Él llora, gime, grita, pero es que la fiesta acaba de comenzar…
Su boca, tampoco me gusta. Que fácil puede resultar ir arrancando dientes de uno en uno con un alicate en una persona muerta de miedo. Y llena de sangre. No para de gritar, pero pronto lo hará. Que débil resulta así un hombre ¿verdad?. Sus orejas… no son de mi agrado. Le arranco una, la otra la reservamos para el final. Le muerdo la cara, que lástima, más sangre. Le perforo un ojo, torturándolo, dándole vueltas sin cesar, hasta que me canso y decido sacarle el otro. Sus gritos comienzan a menguarse, que rápido se debilita un cuerpo… Su estómago, lo abro de par en par, y antes de que de su último suspiro, le arranco el corazón.
Lástima que no vivió para arrancarle la otra oreja…



Ni me imagino que tipo de personas son capaces de torturar así, ¿y tú?




5 comentarios:

ToNee dijo...

entonces...VIVA LA IGNORANCIA!

Miguel González Aranda dijo...

Relato frío y cruel. Desde aquí me uno y grito: No a los festejos taurinos con sangre.

Un saludo

Oski dijo...

Nunca he entendido esa "fiesta nacional", siempre me ha parecido un acto anclado en el pasado propio de bárbaros.

Como el coliseo romano que se llenaba de gente para ver morir a otros...

Un acto que nos aleja de la poca humanidad que aun pudiera quedarnos.

Ojalá los toros aprendieran a torear para cargarse a todos esos cabrones que los hacen sufrir cada día.

Sese dijo...

VAya. Así somos los humanos, y el caso es que denunciar hechos como la "fiesta nacional" te convierte casi casi en un proscrito social.

La nada dijo...

¡Odio las corridas de toros! Me indigna la crueldad contra cualquier animal.