jueves, 16 de octubre de 2008

A su lado izquierdo

Con un poco de polvo en los ojos y más de una espina en el corazón saboreaba su dulce néctar para, aunque estaba sola, hablar con él que (en su cabeza, y sólo en su cabeza) estaba ahí, con ella, a su izquierda. Porque siempre le prefirió a su izquierda. Y nunca a su derecha. Aunque se debatía en pensar que si él estaba a su izquierda era porque ella estaba a su derecha. Quizá en eso consistía todo. Quizá por eso se había marchado tantas veces. Porque nunca le gustaron las derechas (a ella). Pero a él? Que sabía de él? Y todo volvía a ser verde, genial. Con una sonrisa radiante en la cara y con su mirada inocente cada vez que él le acariciaba el pelo. La besaba en el cuello y le decía que la quería al oído izquierdo. Porque desde allí todo suena mejor. O eso le parecía a ella. Y su olor inconfundible que a ella le encantaba, que la volvía loca.
Y ahora quien la ve, sólo ve a una loca de mirada triste siguiendo la dirección del humo de su porro, llorando a su frente con testarudez y apestando a marihuana. Ya no hay izquierdas ni derechas. Ahora tiene libertad. Aunque ella nunca lo sabrá.