jueves, 30 de octubre de 2008

A mi ángel..

A ti, que cuando comenzó mi mera existencia, sé que estuviste ahí. Cuando empecé a caminar, cuando lloraba por las noches, cuando me entraban rabietas...
Tardes y tardes tirados en el sofá, jugando con chapas, con peonzas, a polis y cacos, a inventar tu vida, la mía, nuestra vida...
A ti, que estuviste en cada uno de mis cumpleaños, que me abrazabas por las noches cuando me entraba el miedo y no me dejaban tener la luz encendida o me arropabas cuando tenía frío. Tú que alumbrabas todas mis mañanas con tus ojos marrones-verdosos y que siempre tenías una sonrisa para mí.
Eras el que me protegía cuando tenía problemas, el que no dejaba que nadie me tocase, el que aparecía en cinco minutos si me había pasado algo... aunque fuera un simple rasguño.
El que me hacía ahogadillas en la piscina cada dos por tres y luego dejaba que yo se las hiciera aunque sólo fuera porque no me enfadara. Tú que me llevabas montada en tu bici a todas partes. Que te enfrentaste a más de un cabrón que se cruzó en mi adolescencia. Que me llenabas de besos, aún delante de tus amigos y no te importaba... La playa, el pueblo, en casa, el parque... daba igual donde... siempre éramos tú y yo...
Sé que todo cambió cuando cumpliste los 18 y te fuiste a estudiar fuera. Sé que era ley de vida, lo viví con tu hermano y sabía que tarde o temprano lo viviría contigo. Así que te fuiste, y yo me quedé, esperando algún maldito fin de semana en el que pudiera abrazarte o verte... pero crecíamos y los estudios o el estar con nuestros amigos empezó a deteriorarlo todo... Aunque para mí siempre seguiste siendo el mismo, porque no sólo has sido mi primo, tú has sido mi hermano, mi mejor amigo, mi ángel...
Y de repente recibo una llamada, una bomba al lado de tu trabajo y parece que el mundo se me para. Y te llamo y cada 'pi' se me hace eterno, hasta que oigo tu voz al otro lado, que estás bien y que quieres verme...

1 comentario:

Oski dijo...

Pues menos mal que no le pasó nada.

Me ha hecho pensar mucho tu relato, supongo que en algún momento de nuestra vida todos tuvimos un ángel.

Algunos saben seguir viéndolo y agredeciendo lo que les dió. Otros lo olvidan y si te he visto no me acuerdo.

Supongo que hasta eso forma parte de esa dependencia/independencia que comentamos el otro día.

Un abrazo.