viernes, 24 de octubre de 2008

Al lugar donde has sido feliz...


Luchaba contra su presente y su futuro por intentar aún hacer un hueco a su pasado. Es difícil, y más cuando se vive de esa manera. Ella lo sabía, pero no había conseguido olvidar. Habían pasado ya muchos años y no había dejado de pensar ni un solo día en aquello. Ni un solo día. Desde el día más oscuro y triste hasta el más bonito y brillante. Hacía una raya cada vez día que pensaba en ello, pero con el paso del tiempo dejó de hacerlo, no por pereza, o por querer borrarlo, si no porque sabía que era inútil. Que nunca ninguno de esos huecos que pertenecían a todos sus días quedarían vacíos, que en todos habría una raya dándole una punzada en el corazón. Fue duro sí, aunque ya no lo es, ahora queda el recuerdo. Pero pasea por la calle y de repente lo ve, y se le encoje el estómago y el aire no le llega a los pulmones. Ve todo aquello que ya no está, que se fue así, de la noche a la mañana. Lo tuvieron todo, y poco a poco cada uno se fue hiendo. Pero no hubiera dolido tanto si ella se hubiera ido por su propio pie, si hubiera llegado el día en que se cansara y decidiera marcharse. Pero no, a ella se lo arrebataron todo de la noche a la mañana, no le dio tiempo ni de despedirse y así transcurrieron los años. Mientras todos ellos seguían creciendo y viviendo juntos, ella se resignaba llorando en la bañera hartándose de preguntarse por qué, escuchando una y otra vez aquel cd que pertenecía a cada uno de sus nombres… Pero ella ya estaba en el olvido para ellos. Era entendible, estaba claro. Cerraba los ojos y podía verlo, podía ver cada una de esas calles, podía saborear cada momento en su cabeza, el olor de aquellas noches… Y nada volvió. Ella creció sola y se creó una coraza que era difícil de romper. Se lo prometió a sí misma, un día de esos encerrada en el baño llorando, se prometió que volvería y lo hizo. No quiso ver a nadie, sólo necesitaba pasear, volver a sentir ese aire en la cara, y sentarse en aquel banco, en el de siempre. Y no lloró. Entonces no lloró. Volvió a repasar sus curvas, sus caminos, volvió a admirar aquellos paisajes. Se encontró con un par de vecinos que no la reconocieron, pero no le importó. Que más daba ya eso, habían pasado años y años y todo seguía prácticamente igual. Menos ella, ella ya no era aquella niña inocente de ojos claros que reía sin parar, ahora era una mujer de ojos tristes reviviendo su pasado. Lo miró todo por última vez, parecía mentira como se acordaba de hasta el más mínimo detalle. Se montó en el coche y arrancó. Mientras se alejaba lo vió todo otra vez dejándolo atrás. Y lloró. Ya sabeis lo que dicen de que al lugar donde has sido feliz… no deberías tratar de volver.

2 comentarios:

Ferran dijo...

cuanta razon tienen estas palabras...

Oski dijo...

Eso es lo que decía el maestro Sabina.

Sin embargo no podemos borrar esa parte de nuestra vida y hace tanto daño dentro, como cuando sale fuera.

Todo se esfuma de golpe, sin dar explicación ni mostrar compasión, de repente tus pilares se derrumban y el mundo se convierte en un globo que de deshincha cada vez más. Te encuentras dentro del globo y ves como sus paredes son cada vez más y más estrechas. Puedes salir, tan sólo es plástico, sólo tendrás que encontrar la manera de rajarlo y saltar de nuevo al exterior.

Ese será el comienzo de una nueva vida....

O de una nueva esperanza.

Un abrazo