sábado, 13 de septiembre de 2008

Mirando al cielo

Era una de esas cenas en las que se reúne toda la familia y entre falsas risas y sonrisas e hipócritas abrazos se ponen al corriente de lo normales que resultan sus vidas. Se ponen al corriente para tener algo que contarse, porque a parte de la sangre no hay nada que los una. Es irónico el no poder evitar sentirte más cercano y más familiar a amigos o personas de tu vida que a los que son de tu familia. Pero bueno, así es. De pequeña recuerdo que más de una vez tenía que aguantar las ganas de llorar de ver en lo que se habían convertido los unos para los otros. Primos que habían sido como hermanos (o eso habías creído tú), y que ahora eran más bien extraños a los que soportabas por educación. La relación de tus abuelos con tus padres, que daba un aire hipótetico de recelo y resignación. Hermanos de 'quita y pon'. Y me cabreaba. Pero no el hecho de que las relaciones se deformen, si no que mi idealización de familia había sido otra toda mi vida. Y me preguntaba si dentro de unos años yo sería así. No lo quería, por supuesto, pero supongo que como ninguno de ellos a la temprana edad y viera aquel panorama de falsedad lo querría. Así que me terminé el postre y me despedí cortesmente de todos, pero más efusivamente de aquel hombre de pelo blanco y ojos idénticos a los míos al que aún (aunque ya no pueda verme, ni escucharme) llamo abuelo, y de aquella niña (que ya no es tan niña, aunque no la puedo mirar con otros ojos) de pelo rubio y una sonrisa que embaucaria a cualquiera. Paseé unas cuantas manzanas, no sé exactamente cuantas, hasta que los 'nosecuantos' centímetros de mis tacones me pidieron un respiro. Me senté en un banco, a la luz de una farola y me encencí un cigarrillo. Estaba pensando en todo esto y de repente le oí.
-¿Tienes fuego?
Me quedé mirándole fijamente a los ojos hasta que él se decidió a sonreir. Yo no le devolví la sonrisa, como creo que él se podía esperar y le tendí el mechero. Se sentó a mi lado y estuvimos hablando durante horas. Se me había olvidado lo rápido que se me pasaban con él los segundos, los minutos, las horas... hasta los días.
-Hoy hace una noche una preciosa.
Como si no me hubiera fijado. Siempre decías eso, aunque hiciera una noche horrible, pero yo ya me había acostumbrado a que cuando se nos acababan los temas de conversación dijeras algo así. En el fondo me encantaba que lo dijeras. Hasta la noche más fría me resultaba caliente (antes) si era contigo.
-Ven conmigo.
-¿A dón..
-No está lejos, sólo te quiero enseñar una cosa.
Decidí no hacer más preguntas y le seguí. No caminamos más de diez minutos y llegamos a una especie de parquecito por un camino empedrado. Un sendero se desviaba hacia la derecha donde había unos columpios rodeados por unos rosales y unas vallas de un color verde similar al de las hojas de los rosales. A la izquierda unas colinas inmensas (no lo eran, pero en ese momento lo parecían) de hierba en las que no había más de dos o tres árboles. Nos dirijimos hacia allí y nos sentamos en la hierba. Te pusiste a mirar el cielo y me dijiste que las observara. Era realmente bello. Cientos de estrellas.
-Fíjate en esa. ¿Te gusta?
Era pequeña pero brillaba con fuerza. Con una gran fuerza. Pero algo se me vaciaba cuando la miraba. Me quedé mirándola un par de minutos hasta que respondí:
-Tal vez sí, tal vez no... Demasiado triste para ser bonita, y demasiado bonita para ser triste.

3 comentarios:

Sese dijo...

Precisamente este fin de semana he visto Antes del Amanecer: dos desconocidos viven una historia de amor en París de un día: ideal

Besos

Cora dijo...

he visto esa peli... weno, esa no, corrijo, la segunda parte... antes del atardecer... y esta chula, pero se echa de menos mas personajes, distintas historias que le den mas vida a la peli... es romantica pero le falta chispa...

Oski dijo...

Simplemente puedo decir que me has conseguido enganchar de principio a fin. Tienes una frescura narrando que me encanta y que hace que todo lo que escribes lo sienta como propio.

Me encantaría preguntarte un par de cosas, pero no he encontrado tu correo por ningún lado, te dejo el mío público del blog por si quieres ponerte en contacto: utopiaendiasrojos@gmail.com

Un abrazo, no dejes de escribir por favor.