sábado, 26 de julio de 2008

Arde

Arde. Arde hasta el amanecer. Porque los corazones de hielo yo los rallo con los dientes y los fundo con la lengua en los delirios de los días en los que las nubes juegan a formar horizontes y a desdibujar océanos. Y me follo a Júpiter cada mañana para que Marte arda de ira y de celos y que ardan con él el resto de constelaciones, estrellas, bocas y lunares. Y ardo en el 36 arrasando almas de poetas gritando libertad para llegar a tu cama y que el infierno te parezca frío cuando tu cuerpo se acerca al mío. Y yo arderé y tú te convertirás en un Noviembre llegado a destiempo camuflado en los grados de una botella de ginebra… Arañando los pétalos de una sonrisa mal formada en los pliegues de tu cama cuando dices que necesitas algo más que fuego en tu vida. Y porque yo me fumo mis mañanas a caladas, desnuda en la terraza de un octavo cuando tú desayunas de corbata un café en un tercero. Y arde como el suicidio de las miradas que no se cruzan por miedo a prender algo que creo que dicen que se llama pasión detrás de un cuadro de Goya. Y ardo porque me tuve que enamorar de las aves que se marchan a otros sitios cuando existe algún contratiempo y porque aprendí que ni soltando hechizos las estrellas serían más bellas de lo que es mi boca junto a la tuya. Ardo porque brillo y brillo porque cada día esnifo los rayos del sol cuando te das vuelta y consigo maldecir todos los días que he pasado junto a ti. Ardo y mi habitación se adivina en tus pupilas como el olor a gasolina seguido de una cerilla encendida cayendo al suelo. Porque en las noches amargas donde se mezcla el tequila con las ganas de morir he visto hadas bailando al son del rock and roll entonando adioses de esos que yo ya no digo cuando me marcho sin hacer demasiado ruido para que mis pies no supliquen regresar. Y ardo aunque llueva, en la espesura de tu garganta lamiendo los bocados que ya no nos damos ni nos daremos porque el orgullo pesa más que dos cuerpos desnudos bajo unas mantas. Es como cuando digo frases que no tienen mucho sentido, como cuando quien jugando con fuego, se quema… Arde.

4 comentarios:

José Tomás dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Oski dijo...

Una vez más vuelvo a quedar prendando de tus letras. Me siento identificado en cada línea, no sé porqué, quizás porque cada mañana al despertar siento las mismas sensaciones, los mismos miedos.

El desamor y la locura a veces conjugan un mismo verbo. Lo importante es lanzar cortes de manga a diestro y siniestro y tocarle el culo a la vida cuandos se deje.

Quizás ese sea el secreto de la felicidad quien sabe.

Un abrazo

P.D: El comentario anterior lo borré yo, me confundí de cuenta al publicar.

Sese dijo...

No siempre cabeza, corazón y sexo andan de la mano, quién tiene razón, a quién hacer caso: en circumstancias normales a la razón, curiosamente es la que menos atendemos.

Un saludo y hasta la vista

MujeresLibres dijo...

Imaginóme los aullidos de placer al ver arder cualquier rastro del viejo mundo.

Un roce más.