lunes, 28 de enero de 2008

Al recordar, me ahogo...


Tumbada en la cama, los ojos abiertos y la mirada perdida… Las latas de cerveza llenaban los rincones de la habitación y el humo del tabaco empapaba de un suave aroma el poco oxigeno que quedaba ya en esas cuatro paredes. Me levanté, me vestí y me fui. No tenía a donde ir, ni siquiera sabía a donde iba, pero andaba deprisa, como si una parte de mi supiera que hacer en ese exacto momento… que ironía pensé. Era de noche, hacía frío pero no importaba, una increíble niebla cubría toda la ciudad y la hacía parecer hasta hermosa… A ratos sentía como si la gente me observara pero tampoco presté mucha atención, no me importaba, hacía mucho que dejo de importarme todo lo que mirara o hiciera la gente, al fin y al cabo eran los mismos hipócritas de siempre, aunque ellos no lo supieran, en sus ojos solo observo decepción y angustia, aunque sus caras dibujen sonrisas, no son felices, no hay una sola alma feliz aunque se engañe pensando que sí, y por ello son hipócritas. ¿Por qué sonrien? Es que no lo entiendo, creo que nunca lo he hecho, pero en ese momento deje de intentar hacerlo. Llevaba ya media hora caminando, y cada vez que una calada se fundía con la niebla pensaba en como me gustaría que el cielo fuese de nicotina… Es un vicio asqueroso, y me encanta… De repente me detuve, estaba frente a un bar, y en una de sus ventanas ahí estabas tu sentado… Mirandome con esos preciosos ojos verdes… esos ojos que ojalá nunca hubiera dejado de mirar… No sonreías, y en ese momento supe que eras tu con quien quería pasar toda mi vida… De repente sentí una sensación extraña… Algo que hacía mucho tiempo que no sentía… Algo de lo que me había olvidado por completo… Felicidad tal vez? No lo sé, pero tampoco me preocupaba, sólo quería mirarte, no podía parar de hacerlo… Te amo, te amo desde aquel día que te vi con 10 años o menos en aquel mágico lugar… Tu boca saboreaba la dulce ginebra… sé que era ginebra… no podía ser otra cosa… Y me mirabas… Se que me reconociste… y quise correr, quise llegar a tu lado y abrazarte y hablar de todo lo que nos perdimos, todos los años desperdiciados en aquel mágico lugar con aquella gente… y besarte… besarte como nunca lo hice y tenerte dentro de mi todos los días… Escuchar aquella voz y que me hicieras rabiar como hacías entonces… Perfecto, en aquel preciso instante todo era perfecto, ya no me importaba ni la niebla, ni la ciudad, ni las personas… solo existían tus ojos… Y de repente, me sonreíste, supe que era el fin, y pensé en aquella noche… hace 4 años cuando me dijiste ‘Hasta nunca...’ y mi vida dejó de tener sentido para siempre, pero sonreías, quería gritarte ¡No lo hagas!, pero no lo hice, y desapareciste… Volví a encenderme un cigarro… y con la mirada fija en donde hacía unos segundos habías estado tu… sólo pude murmurar hasta nunca…


PD: La historia no es real, pero los sentimientos si…
Y si escribo tantos puntos suspensivos es porque no me gustan los finales…

3 comentarios:

ToNee dijo...

belleza y dolor mezcladas a partes iguales. escribes fantasticamente, muchas veces los sentimientos ayudan. tengo curiosidad... soy curioso por naturaleza, y tu historia...es tan similar a la mia.

Lisa dijo...

genial la forma de soltar esos sentimientos, espero que te haya servido para desahogarte y te hayas quedado agusto

seguiré visitándote

Ana la Rana dijo...

Me ha encantado tu relato... y comparto lo de los puntos suspensivos... solo hay un autor capaz de crear un final perfecto: La vida.

Escribes muy bien, aunque el negro sobre rojo se me marca en la vista y veo rayas por todos los sitios!!

Encantada de conocerte. Un saludo