Octubre. Octubre llegó otra vez, con su predicción de frío, con sus colores marrones, con sus sonrisas ajenas... y sin ti.Solía gustarme este mes, casi más que ninguno, pero ya sólo el simple hecho de pronunciarlo da un melancólico gesto a su rostro. Es como una canción de Marwan bajo la lluvia, triste, pero sientes la vida en la venas. Como la mirada más bonita que hayas visto jamás y guardes en tus recuerdos cuando sientes que la inspiración no viene a verte.
Es una de esas canciones que juraste que cada vez que la escucharas de te acordarías de ese alguien, o de aquel lugar, y cada vez que la escuchas se te ponen los pelos de punta y sabes que cumpliste tu promesa...
Como el olor a musgo mojado, el césped recién mojado, el estoraque, la magia de Barcelona, el amor bajo unas mantas en el suelo del salón a la luz de las velas, las miradas que ya no se cruzan y que no se volverán a cruzar, los recuerdos empañados en alcohol y saliva ajena, el plato de macarrones que te hacía tu abuela, la imagen de quien quieres en una silla de ruedas, la euforia tras un concierto en primera fila, las matemáticas en el instituto, el calor olvidado de los que dijeron nunca irse y que hace años que no ves, el pantano con un par de amigos tumbados en la hierba, el olor de tu madre, un cigarro a las 7 de la mañana cuando el termómetro marca cero grados, como un orgasmo simultáneo... como lo que querais.

Triste y alegre a la vez, nostálgico y mágico... Uno de esos meses que parecen que están destinados a que eches de menos, y en el único en el que no me odio por hacerlo.